En el mundo actual, en el que sólo nos acordamos de los triunfadores, es bueno recordar que tenemos derecho a equivocarnos. Y es un derecho de los seres humanos, porque no siempre se puede hacer bien las cosas. Y el que diga lo contrario, está engañando. ¿Cuántos intentos hay antes de un gran invento? En el mundo científico muchos y en el personal, en el diario, igual. Para que una persona gane, me temo que alguien tiene que perder. Somos seres humanos y nos equivocamos, algunos hasta son profesionales. Pero es una realidad y en cierta medida una bendición. ¿Por qué? Porque si todas las cosas nos salieran bien al intentarlo, no habría posibilidades de mejorar. Por no hablar de que no es posible que todos hagamos bien las cosas porque al ser distintos es posible que unos quieran blanco y otros negro.
Las equivocaciones son oportunidades de aprender. No valoraríamos los triunfos si no supiesemos lo que es perder. Por equivocaciones tenemos grandes exitos, como por ejemplo la penicilina. Gracias a la equivocación podemos llegar a la humildad, a hablar con los demás, a trabajar en equipo y a andar con los ojos abiertos. Bien pensado, no equivocarse debe ser aburrido. Conocer a una persona es un reto. Algo que es imprevisible y que nos abre la posibilidad de un triunfo o un fracaso. ¿Cuántas veces, al tiempo de conocer a una persona, nos damos cuenta de que nuestra primera impresión no tiene nada que ver con lo que esa persona es?. Para bien y para mal. A mi me ha pasado conocer a una persona y darme cuenta con el paso de los años que es un completo desconocido, que la persona que conocía no corresponde al que tengo delante. O al contrario, que esa persona que pensaba que podía ser un conocido, se convierte en alguien muy especial para mi.
Sí, tengo derecho a equivocarme, a caer, a fracasar. A no hacer las cosas bien a la primera vez. Y eso no significa que no termine haciéndolas bien, simplemente tengo un aprendizaje propio. Es mi ritmo, y no pasa nada. Muchas veces, cuando me equivoco, pienso que tengo que seguir adelante, que es una forma de saber un paso mas del camino y que ese fallo me da un punto de comparación para valorar los aciertos. Ya lo he dicho anteriormente, lo único que se me puede exigir es que lo intente.
Vivimos en una sociedad de éxito, donde lo fracasado no cuenta. Pensamos que triunfar es tener una casa enorme, un sueldazo, el coche mas caro, la mejor familia, los mejores títulos... ¿De verdad nos creemos eso?. Seguimos unos cánones de belleza que hacen a muchos infelices, deseando ser otros. Si vemos a alguien en una silla de ruedas, le miramos como teniéndole lástima. Vemos a los discapacitados y nos planteamos que su vida es una pérdida de tiempo, que tienen a las familias muy sujetas, sin poder hacer su vida. Lamentablemente, esta semana leía que médicos británicos abogaban por la práctica de la eutanasia para recién nacidos discapacitados física o psíquicamente por la carga que eran para la familia. Y se me removían las tripas, lo aseguro. Primero porque deberían hablar de asesinato mas que de eutanasia. Y segundo, porque me parece que podrían utilizar su tiempo en mejorar la vida de los discapacitados mas que en querer deshacerse de ellos.
Tomamos a la gente distinta, a los impopulares, como fracasados y como errores de la naturaleza. Y el gran error sería pensar en un mundo perfecto. El mundo que nos rodea no es perfecto. Si lo fuera no habría cataratas, olas gigantes estupendas para el surf, choques de placas tectónicas que hacen montañas. Sí, tienen también connotaciones negativas, como pérdidas de vidas humanas, destrucción de ciudades o grandes miserias. Pero, de las cosas malas se pueden sacar garndes cosas. Un ejemplo, para mi, son los bomberos. Personas que se juegan la vida por salvar del fuego a otras personas. Nacen valores como la solidaridad o la entrega que en un mundo perfecto estarían en desuso. Porque los valores nos dotan de humanidad y si cada uno fuera perfecto, sin errores, no podría darse, seríamos como máquinas, previsibles y prescindibles. No existiría el afan de superación, ni los objetivos.
El mundo está bien hecho, la naturaleza va por donde tiene que ir. Me acuerdo de un ejemplo que me pusieron en el pasado. Una persona sabia escuchaba a uno de sus discípulos quejándose de que Dios permitía las desgracias. A la pregunta del discípulo ¿por qué Dios no hace nada?, el sabio contestó: "Sí que ha hecho algo, te ha hecho a ti". Y se da la paradoja humana de que nos creemos estupendos y al mismo tiempo incapaces de hacer algo. Quizá porque nos gustaría cambiar el mundo, ser una especie de superhombre o supermujer. Pero, en cambio, no nos damos cuenta que hay cosas a nuestro lado que podemos cambiar. No son grandes cosas; pero son lo que podemos hacer cada uno. Nuestro gran éxito.
Podemos equivocarnos, siempre que no nos quedemos en el error y aprendamos a levantarnos. Tenemos una vida por delante para llenar de grandes cosas, de grandes triunfos personales, y cada dia tenemos una oportunidad para intentar mejorar.
Hace 16 años

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